INTELIGENCIA EMOCIONAL EN EL NEGOCIO.
Capital humano es le término con el que hoy se denomina a lo que
hace algunos años conocíamos como recursos humanos; esto es originado por un cambio
sustancial en el concepto. Actualmente, el ser humano es considerado el punto clave en el
desarrollo exitoso y en las utilidades de las empresas: es el capital que produce los
resultados malos, buenos o excelentes para los negocios.
Es hoy que se buscado las formas para mejorar a este capital, el más
importante de todos; una de ellas es a través de la inteligencia emocional
desarrollada dentro del área laboral. En primer instancia hay que conocer lo que es la
inteligencia emocional y cómo es que funciona.
La inteligencia emocional es un conjunto
específico de aptitudes que se hallan implícitas dentro de las capacidades abarcadas por
la inteligencia social. Las emociones comportan importantes implicaciones en las
relaciones sociales, sin dejar de contribuir a otros aspectos de la vida.
Cada individuo tiene la necesidad de establecer prioridades, de mirar
positivamente hacia el futuro y reparar los sentimientos negativos antes de que nos hagan
caer en la ansiedad y la depresión. En el ámbito de la psicología admite la
consideración de inteligencia porque es cuantificable: constituye un aspecto mensurable
de la capacidad individual para llevar a cabo razonamiento abstracto y adaptación al
entorno; la inteligencia emocional se pone de manifiesto cuando operamos con información
emocional.
La inteligencia emocional es, por tanto, un conjunto de talentos
o capacidades organizadas en cuatro dominios:
capacidad para percibir las emociones de forma precisa.
capacidad de aplicar las emociones para facilitar el pensamiento y el
razonamiento.
capacidad para comprender las emociones.
capacidad para dominar las propias emociones y las de los demás.
Las últimas investigaciones han aportado pruebas convincentes de la
inseparabilidad esencial de la emoción y el razonamiento: sin sentimientos, las
decisiones que tomamos pueden no ser las que más nos convienen, aunque hayan sido tomadas
por lógica. Cualquier noción que establezcamos separando el pensamiento y los
sentimientos no es necesariamente más adaptativa y puede, en algunos casos, conducir a
consecuencias desastrosas.
La inmensa mayoría de las personas concebimos el éxito
como un equilibrio, en nuestra realización personal, respecto a las distintas áreas de
la vida: la de la salud, la profesional, la afectiva, la familiar y la social.
Sin embargo, hace unos años, se impuso cierto culto al éxito
que no medía los costos, irónicamente, en términos del valor más importante: nuestra
propia vida. Hoy existe una creciente tendencia a definir el éxito en términos de una
vida balanceada, en la cual los objetivos materiales comparten espacio con los
valores intangibles: relaciones y roles familiares enriquecedores y de apoyo
mutuo, un cuerpo saludable que pueda controlar el stress, gran participación en la vida
comunitaria, y oportunidades para satisfacer deseos altruistas y creativos. Una vida
balanceada no puede alcanzarse sin inteligencia emocional, un componente que nos
permite poner en marcha y sostener lo que se ha dado en llamar el sistema del éxito
total.
Aplicando todo esto dentro del área laboral podemos vislumbrar que si
no hay prácticamente esfera alguna de la actividad humana que no se vea influida (para
bien o para mal) por las emociones: ni el aprendizaje, ni el rendimiento laboral, ni el
rendimiento deportivo, ni la creación artística, por lo que nunca llegará al objetivo
deseado.
También dentro del área laborar podemos encontrar cinco dimensiones,
en donde la meta a encontrar siempre es ganar; no sólo económicamente, si no en todo
aquellos aspectos que llenan totalmente la vida del hombre dentro de la sociedad. Estas
dimensiones interdependientes de la vida son:
CARÁCTER
El carácter es la base el paradigma ganar/ganar, y todo lo demás se
erige sobre ese fundamento. Hay tres rasgos caracterológicos esenciales para el paradigma
ganar/ganar.
INTEGRIDAD
Cuando identificamos con claridad nuestros valores, nos organizamos
proactivamente y las acciones cotidianas se ordenan en torno a esos valores; desarrollamos
la autoconciencia y la voluntad independiente al hacer y mantener promesas significativas,
al comprometernos y ser fieles a nuestros compromisos. Si no podemos comprometernos y
mantener los compromisos con nosotros mismos y con otros, nuestros compromisos carecerán
de sentido. Nosotros lo sabemos; los otros lo saben. Advierten la duplicidad y se ponen en
guardia. Falta una base de confianza, y ganar se convierte en una táctica superficial e
inefectiva. La integridad es la piedra angular de la base.
MADUREZ
La madurez es el equilibrio entre el coraje y la consideración. Si una
persona puede expresar sus sentimientos y convicciones con coraje, equilibrando la
consideración por los sentimientos y las convicciones del otro, se trata entonces de
alguien maduro, en particular, cuando la cuestión es muy importante para ambas partes.
RELACIONES
Sobre la base del carácter, construimos y conservamos relaciones. La
confianza, la cuenta bancaria emocional, es la esencia de la filosofía para ganar. Sin
confianza, lo mejor a nuestro alcance es la transacción; sin confianza, nos falta la
credibilidad necesaria para la comunicación y el aprendizaje abiertos, recíprocos, así
como para la creatividad real.
Una relación en la que las cuentas bancarias son ricas, y ambas partes
están profundamente comprometidas con el paradigma de ganar, es la catapulta ideal de una
gran sinergia. La relación no resta realidad o importancia a los problemas; tampoco
elimina las diferencias de perspectiva. Pero sí elimina la energía negativa normalmente
centrada en las diferencias de personalidad y posición, y crea una energía positiva,
cooperativa, centrada en la comprensión plena de los problemas y en su resolución
recíprocamente beneficiosa.
ACUERDOS DE DESEMPEÑO PARA GANAR
Hay básicamente cuatro tipos de consecuencia (recompensas y castigos)
que los administradores o líderes pueden controlar: Las económicas, las psíquicas, las
de oportunidades y las de responsabilidad.
Las consecuencias económicas abarcan cosas tales como los ingresos, la
opción de acciones, las dietas o los castigos pecuniarios.
Las consecuencias psíquicas o psicológicas incluyen el
reconocimiento, la aprobación, el respeto, la credibilidad, o la pérdida de todas esas
cosas. A menos que las personas no trasciendan el plano de la mera supervivencia, la
compensación psíquica suele ser más motivadora que la compensación económica.
Entre las oportunidades se cuentan la de recibir adiestramiento, el
desarrollo profesional o en la carrera, las gratificaciones extraordinarias; y otros
beneficios.
La responsabilidad tiene que ver con la esfera de acción y la
autoridad, que pueden ampliarse o reducirse.
Estas cinco dimensiones interdependientes de la vida, nos llevan
a buscar un equilibrio intrapersonal que si lo llegamos a encontrar y mantenerlo, nos
llevará no sólo al éxito laboral, si no que, alcanzar el personal no será tan
complicado como a veces las personas llegamos a pensar. Todo es un circulo en movimiento
que pone en claro cada situación desde el momento en que ese círculo comienza a girar. |