Se prevé una desaceleración del PIB
real en América Latina, de un estimado de 5% en 2006 a 4.3% en 2007 y a 3.9% en 2008. Las
economías de esta región seguirán entre las principales beneficiarias de la fuerte
demanda de Asia por materias primas distintas del petróleo, aunque los precios de éstas
irán a la baja, luego de haber alcanzado niveles excepcionalmente altos, particularmente
en 2008. La desaceleración de Estados Unidos mermará las tasas de crecimiento en 2007,
principalmente en los países con fuertes lazos comerciales con América del Norte.
También se debilitarán algunos factores internos que han propiciado el crecimiento
reciente. Las condiciones para obtener financiamiento se han vuelto más rígidas debido a
la reciente turbulencia en los mercados internacionales; sin embargo, hasta ahora los
términos de los préstamos han sido favorables y no se prevé que sean un obstáculo
serio para el crecimiento en la región.
Las debilidades estructurales seguirán siendo una
limitante para el desempeño de América Latina, especialmente en comparación con otras
regiones emergentes. Aunque la inversión fija bruta como proporción del PIB se ha
incrementado en los países de la zona, sigue siendo baja, y ello mermará el potencial de
crecimiento de la región a largo plazo. Una inversión débil es reflejo de un bajo nivel
de ahorro interno, altas tasas de interés real, un sistema tributario ineficiente y, en
el ámbito estructural, un exceso de burocracia.
En contraste con el populismo andino, la mayoría de
las economías de América Latina ha realizado cambios que incrementan su calificación
crediticia. Casi todos los países de la región tienen regímenes cambiarios flexibles y
han acumulado montos significativos de reservas internacionales. También han reducido sus
déficits fiscales y sus deudas externas. En consecuencia, no se prevé que ninguna de las
principales economías de la región enfrente dificultades económicas. Sin embargo, el
riesgo de una crisis financiera sigue siendo real. La elevada deuda pública de Brasil (en
2006 se calculaba que ascendía a 50% del PIB) y el hecho de que cada año deba
refinanciar cerca de una cuarta parte de su débito interno indican que el país sigue
siendo muy vulnerable a los cambios de opinión en los mercados internacionales de
capitales.
En Brasil, el crecimiento anual promedio en los
próximos cinco años estará entre 3.4 y 3.8%, significativamente mayor que el promedio
histórico de 2.5%; sin embargo, seguirá siendo mucho menor a los observados en otros
mercados emergentes, especialmente en Asia, y estará por debajo de la meta de 5% prevista
para 2008 en el programa de aceleración del crecimiento (PAC), anunciado en enero de
2007. El proyecto, que incluye compromisos de inversión por 236 mil millones de dólares
para los próximos cuatro años, difícilmente tendrá un impacto significativo, pues
muchas de las medidas -entre ellas un aumento de la inversión de las compañías
estatales- se habrían aplicado aun sin el plan gubernamental.
La inversión fija en Brasil sigue siendo baja, aun
comparada con la de otros países de América Latina; sin embargo, se espera que en el
periodo pronosticado crezca como proporción del PIB, a medida que las tasas de interés
reales bajen gradualmente de sus elevados niveles actuales. La aplicación de una
política monetaria menos restrictiva impulsará en particular la inversión y el consumo
privado. El crecimiento de las exportaciones, que decayó sustancialmente en 2006, será
aún más débil en 2007, debido principalmente a la pérdida de vigor de los principales
mercados industrializados. No obstante, se espera una recuperación a partir de 2008.
Asimismo, se observará un aumento del crédito
interno debido en parte a una serie de recortes a la tasa de referencia Selic (de un
día), que ha disminuido 650 puntos base desde septiembre de 2005. La rebaja más reciente
fue en marzo, a 12.75%. Se esperan más reducciones, lo que llevaría la tasa promedio a
12.25% en 2007 y a 11.25% en 2008; sin embargo, las tasas de interés seguirán siendo
altas comparadas con los estándares internacionales. Los altos rendimientos han
propiciado la entrada de considerables volúmenes de capitales extranjeros. Esto aumenta
el riesgo de una devaluación brusca y, como resultado, un repunte de las tasas de
interés en caso de que los inversionistas estén menos dispuestos a aceptar riesgos o si
la restricción monetaria de los principales bancos centrales resulta ser más estricta de
lo esperado.
México, a la baja
Se prevé que el PIB de México decrecerá de 4.8% a
3.3% en 2007 y 3.5% en 2008. Esta desaceleración se debe a que se normalizará el ritmo
de crecimiento del consumo privado, que fue fuerte en 2005 y 2006. Las remesas de los
migrantes, que se han convertido en una de las principales fuentes de ingreso de divisas,
principalmente para los hogares pobres, han empezado a desacelerarse, lo que podría ser
reflejo de una menor migración. Adicionalmente, el consumo público, que creció
rápidamente antes de las lecciones de 2006, se debilitará sustancialmente. El
crecimiento de la economía mexicana también estará influido por la desaceleración de
Estados Unidos este año. Se espera que el Banco de México mantenga estables los
diferenciales de tasas de interés en relación con las de Estados Unidos, pero un
reciente repunte de la inflación ha aumentado el riesgo de medidas restrictivas
adicionales.
A mediano plazo, la deficiente infraestructura
física y la falta de una reforma laboral seguirán desalentando el crecimiento del empleo
formal. Además, las insuficientes inversiones en extracción de petróleo y el
agotamiento de los pozos existentes provocarán un declive de la producción de crudo, lo
que tendrá un impacto sustancial en las finanzas públicas. No obstante, una gradual
profundización de los mercados financieros y algunas reformas institucionales ayudarán a
fortalecer la demanda interna.